Tengo brillantina cerca del ombligo y no sé como llegó ahí.

Fuimos a una fiesta callejera impromptu a un costado del Ministerio del Trabajo; las personalidades underground cariocas sólo necesitaron invitar a unos cuantos amigos, conseguir una carpa, generador, y el sistema de sonido. Los vendedores ambulantes de cerveza(!) usan su instinto, asumo, para estacionarse a sólo unos metros de la masa de personas bailando samba moderna y ahí tienes a tu interlocutor en la absoluta pendeja sólo viendo. Intentando aprender a sambar fue que acabé lleno de brillantina y medianamente crudo.

El barrio de Humaitá nos recibió con la vista que buscaba hallar aquí: da janela vê-se o Corcovado. No pasaron más de dos horas para satisfacer completamente mi estrecha expectativa de esta ciudad, pues caminar por donde sea resulta alimento suficiente para el apetito del esteta. Hay mucho mas en Rio que la Zona Sul, mucha mas música que el Bossa Nova (que sólo he escuchado aquí una vez); me late que ahí es dónde a plena vista se encuentran ocultos los miles de encantos de esta ciudad. Bendita saudade que me traerá de vuelta pronto para seguirla explorando.